viernes, 21 de julio de 2017

EL SUEÑO DE LOS PIBES


CUENTO DE FÚTBOL

“Coco” es mi hermano. Desde chicos compartimos muchas cosas y, aunque tenemos padres distintos, crecimos como hermanos. Vivíamos en la misma cuadra, fuimos a la misma escuela, jugábamos en el mismo equipo del barrio, nos inscribimos juntos en la escuelita de fútbol y compartíamos la pasión por los mismos colores, los de River Plate.

Nuestros padres, de quienes heredamos nuestro gusto por el futbol y los “Millonarios”, fueron los que animaban nuestro sueño. “Estos van a llegar a Primera”, “Van a jugar en River”, decían. Así que nosotros crecimos con ese objetivo claro.

Aunque “Coco” siempre fue el distinto, el habilidoso del equipo y del que siempre se esperaba un lujito para aplaudir. Juntos entramos en las inferiores de Argentino de nuestro pueblo y empezamos nuestro camino a Primera. Él como enganche y yo como volante central. Éramos la mejor dupla creadora de juego en la Liga. Empezamos a entrenar con la Primera a los 17 años, “Coco” alternó en algunos partidos del torneo que salimos campeones y del Federal C, donde fue una pieza importante para llegar a la Segunda Fase.

Cuando se nos acabó ese torneo, en la cena que hicimos en el club, algunos dirigentes dialogaron en secreto con el padre de “Coco”. Al otro día  era todo una novedad: ¡A Coco lo venían a buscar de River! Y me sentía feliz. 

Ese sueño nuestro, él lo haría realidad. Estuvimos preparando los dos juntos las cosas para el viaje. Ropa, algunos amuletos que le dio la gente del barrio y los llantos de  la madre a la que se le iba el nene. Con 18 años, “Coco” tenía la posibilidad que tanto habíamos soñado. Cuando partió el colectivo rumbo al aeropuerto y cuando me quedé solo, me invadió la nostalgia.

Dijimos que nos íbamos a ir los dos, sin embargo mandaron pasajes sólo para él. Cuando volviera a entrenar al Social Argentino iba a estar solo, ya no estaría mi compañero de la vida, ese con el que compartíamos todo, con el que jugábamos de memoria. Ahora será otro “10” al lado mío, ya no será lo mismo. 

Y en mi cabeza pensaba: ¿Cómo se va a sentir él?, ¿se animará a hacer esos lujitos que hacía acá?, si solo sabe jugar conmigo, ¿Habrá en River un “5” como yo para que se sienta más cómodo?

No tardamos en comunicarnos. Apenas se instaló en Buenos Aires me mandó un mensaje, vivíamos comunicados por todas las redes sociales y enviaba postales de los entrenamientos y de sus partidos en la Reserva. En el bar del club puse una foto grande suya donde estaba en el círculo del Monumental con la “rojinegra” de nuestro Social Argentino puesta. Yo trataba de vivir todo lo que me contaba como si estuviera allá, con él.

Hasta que un viernes a la noche me dijo que no me iba a escribir porque no lo dejaban. Estuve todo el sábado tratando de saber algo de la Reserva de River por todos los medios aunque poco pude saber. 

El domingo quedé atónito. La noticia me estremeció y estuve más feliz y nervioso que cuando debuté en la Primera del Social Argentino. Mil veces repasé el artículo del diario que titulaba: “HOY DEBUTA LA GRAN PROMESA DEL FUTBOL ARGENTINO”.

Mario José Aguirre
Twitter: @Maruchoo

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