EL PUCHO MATADOR

 


CUENTOS DE FÚTBOL

No, no es una campaña publicitaria para dejar de fumar. Es la historia de El Pucho, una verdadera leyenda deportiva de la provincia de Mendoza. Desde un comienzo, El Pucho —llamado así cariñosamente por el parecido físico con el personaje de la serie Hijitus— destacó como preceptor y más tarde como docente de educación superior. Tenía una energía sin igual y sus clases fascinaban a los alumnos. Su método mezclaba la sabiduría y la profundidad de Merlí con el humor descontracturado y magnético de Jack Black en Escuela de Rock.

Un personaje entrañable, capaz de hablar con pasión y conocimiento sobre cualquier tema: fútbol, básquet, hockey, historia, política o economía. Su carisma lo convertía en un líder natural. Sin embargo, como todo ser humano, tenía un punto débil, un talón de Aquiles.

El Pucho vivía por y para el club de sus amores. Planificaba sus vacaciones según los partidos del Matador y hacía lo imposible por seguir al equipo, tanto de local como
de visitante. Su devoción no conocía límites. Y su obsesión, era ser campeón de la Liga Mendocina.

Esa pasión había nacido en su infancia. Al principio heredada, pero luego convertida en un amor eterno. Vistió la casaca azulgrana de básquet durante toda su etapa de inferiores y llegó a jugar en Primera. Aunque tenía talento para picar la pelota naranja, su verdadera vocación estaba en la enseñanza, en dejar una huella en las nuevas generaciones.

De todos modos, esa efervescencia por el Matador lo superaba. En una época en donde los docentes son acusados de adoctrinamiento, El Pucho no lo disimulaba. Desde el aula, promovía sin reparos la cultura de los Azulgranas. No importaba cuál fuera el tema del día: las charlas y debates siempre desembocaban en cómo su club influía en la comunidad godoycruceña y mendocina.

Sus alumnos ya habían aprendido el truco y cada vez que entraba al aula, intentaban distraerlo con algún comentario sobre el último partido. Sabían que así lo llevarían a hablar de fútbol, robando tiempo para la lección del día. 

Una de las anécdotas que lo definen a la perfección, ocurrió un lunes cualquiera en la sala de profesores. Un colega, con algo de malicia, mencionó una derrota especialmente dolorosa del Matador en la Liga. El Pucho se encendió. Fue una chispa que prendió un costado tribunero que pocos conocían de él y comenzó a cantar a viva voz y sin pausa durante cinco minutos:

«Salí campeón... me fui a la B... pero jamás te abandoné... por mi viejo... te conocí... vos no sabés lo que sentí...».

Los docentes que estaban presentes sonrieron y entendieron que lo de El Pucho con el Matador era un amor que escapaba a toda razón. Una sana adicción. 

Convencido de que los clubes son de los socios, El Pucho también usaba sus clases para invitar a los alumnos a conocer las instalaciones y la historia completa de esos colores que tanto amaba. Y en una de esas ocasiones, al cierre de la jornada, anunció con entusiasmo:

—El viernes que viene hacemos un asado en el club. Quédense tranquilos, que yo me encargo de todo.
—¿Y qué llevamos, profe? —preguntó un alumno con cautela.

Fue entonces cuando El Pucho, fiel a su ingenio, adaptó aquella frase deportiva que dice Traigan vino que copas sobran.

—Muchachos, no traigan nada, que en Talleres sobra todo.





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