LA MESA CHICA


CUENTOS DE FÚTBOL

El bar es viejo y bien porteño. Tiene ese olor a café quemado y madera que cruje a cada paso. No hay mozos corriendo pero sí una tele con el volumen bajo, con un partido de fútbol de vaya a saber qué liga. Y está bien. Así tiene que ser. Acá se charla de tácticas y estrategias. Se discute con los codos apoyados en la mesa y el pocillo temblando en la mano.

En una esquina de ese bar, con la luz suficiente para no perderse ningún detalle, se sientan dos tipos que ya no necesitan presentación. Menotti acomoda el cigarrillo entre los dedos como si dirigiera una orquesta. Habla pausado, con la cadencia de un tango, y suelta palabras como si fueran pases filtrados. 

«El fútbol es una idea. Un compromiso con la belleza, con el espectáculo, con la gente que paga la entrada», asegura el Flaco.

Bilardo escucha, pero no asiente. Nunca asiente. Agarra su Gatorei como si fuera un trofeo y lo agita sin abrirlo. «Hay que ganar, Flaco. Porque sin ganar no hay nada. Ni estética, ni épica, ni relato. Nada», retruca el Narigón.

Son lo opuesto. Café y pucho para uno, bebida isotónica y libreta para el otro. Pero están ahí, en la mesa chica, donde se sientan los que saben.

Menotti fue víctima de un Mundial manchado, pero la historia, que tiene su propio VAR, terminó dándole la razón. Hasta los bilardistas más bilardistas lo aplaudieron en una final en el día de su paso a la eternidad. Porque Menotti entiende de juego, no de golpes.

Bilardo también fue víctima, pero de la sombra de Diego. Le dijeron que sin él no ganaba ni a las bochas. Con el tiempo, bendito tiempo, se dieron cuenta de que fue un adelantado a su época. Lo que ahora llaman videoanálisis y trabajo de pelota parada, Bilardo lo hacía con un VHS y un resaltador.

El café del Flaco ya está frío y el Gatorei del Narigón por la mitad. En la puerta del bar, un apuesto pibe de Pujato se acomoda el saco y pide permiso para sentarse. Sabe que esa mesa es chica, pero sagrada. Ambos lo invitan a ser parte.

Ese gringo hermoso del interior del interior, aprovecha la oportunidad, levanta su copa y sonríe. Brinda por los laureles que supimos conseguir y por todo lo que vendrá.






Comentarios