SUEÑOS DE CAMPEÓN


CUENTOS/RELATOS


Paola es bailarina y arma coreografías inspiradas en los pasos del Dibu Martínez tras atajar un penal. 

Fernando es cineasta, sueña con proyectar su película, como Nahuel Molina se proyecta por el carril derecho.

Pedro es carnicero y se identifica con el Cuti Romero, con esos cortes precisos, como en una final del mundo. 

Fabricio es licenciado en Filosofía y Letras. El más profundo de los suyos. Sin dudas, un Lisandro Martínez en el fondo. 

Ernesto es empleado municipal, su trabajo es silencioso pero clave, como lo es Facundo Medina por la banda izquierda. 

Horacio es colectivero y se siente Enzo Fernández en la mitad de la cancha: tiempista, incansable recorriendo cada trayecto con precisión. 

Mariana es diseñadora gráfica, una especie de Mac Allister. Elegante y sutil en cada trazo, en cada dibujo. 

Daniel es comediante, un payaso. Hace reír a todos como seguramente lo hace De Paul en la intimidad del equipo.

Andrea es artesana y se identifica con Almada. Tiene el talento suficiente para el día de mañana ser Messi y tener su propio local. 

Vladimir es vendedor ambulante, rápido y atento a cualquier movimiento, como Julián Álvarez en búsqueda de un rebote. 

Octavio es cadete: vuela. Es muy rápido y se parece a Nico González cuando pisa el área rival. 

Edmundo es albañil y construye muros tan fuertes e inamovibles como Otamendi en el fondo. 

Gustavo es chef profesional. Realiza comidas exquisitas, como los pases filtrados de Paredes. 

Adrián es un bibliotecario culto y ordenado, como Tagliafico por la izquierda. 

Alexander es mochilero. Viaja por el mundo sin temor a nada, un desfachatado como el Colo Barco. 

Javier es un poeta que espera con ansias publicar su primer libro. Es Lo Celso en búsqueda de minutos. 

Jonás es bombero. Está siempre atento al llamado de emergencia, como Senesi. 

Martín es sereno. Tiene la paciencia de Rulli y Musso esperando su oportunidad, aunque desea que no pase nada. 

María es empleada de comercio. Hace de todo en el negocio: limpia, atiende al público, ordena la mercadería. Es polifuncional, como Giuliano Simeone. 

Alejandro es bancario. Talentoso y servicial como Exequiel Palacios en el medio.

Ramiro es mozo. Reparte comidas y bebidas con la eficiencia de Nico Paz en el ataque.

Martina es docente universitaria. Por ende, es héroe nacional, como Montiel en Qatar.

Domingo es corredor de bolsa y anhela meter un golazo, como los de Lautaro Martínez.

Fabiana es actriz de reparto, pero se ilusiona con un papel más protagónico, como el Flaco López.

Gabriel es neurocirujano. Preciso, no falla nunca. Es Messi entrando en el área con pelota dominada.
 
Y ahí, entre todos ellos y 47 millones de argentinos más, buscamos a un político con vocación de servicio. Un Scaloni que, de la nada, nos devuelva la grandeza que alguna vez tuvimos.

Somos un país demasiado futbolero y muchos lo ven mal. Yo creo que está bien. Somos una nación que solo pide un instante para soñar, un pase perfecto en el momento preciso, un gol colectivo para gritar entre todos.

Es difícil de entender, pero el fútbol nos mueve mucho más que cualquier otra cosa. Y si Argentina depende del fútbol para ser feliz… estamos condenados a ser campeones del mundo. 







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