CUENTOS/RELATOS
Muy pocos deben saber que hubo mundiales femeninos sin la autorización de FIFA y que a pesar de todo pronóstico, fueron masivos, con gradas llenas y hasta televisación.
Hubo también un grupo de futbolistas argentinas que viajaron a México en 1971 con lo justo. O mejor dicho, con menos de lo justo. Sin entrenador, sin utilero, hasta casi sin botines, que luego tuvieron que conseguir porque era obligatorio para la disputa del torneo.
El estadio Azteca estaba a pleno, Sold out dirían los yankees, para ver, reitero, un mundial femenino, no avalado por el ente madre del fútbol, que por aquellos años se negaba a la práctica femenina como toda asociación impregnada de machismo.
Allí fueron las pibas argentas. Y les tocó estar en el partido inaugural ante las mexicanas, dueñas de casa y protagonistas en el anterior mundial en Italia, donde lograron el tercer puesto.
La victoria mexicana no sorprendió a nadie, aunque sí la actuación argentina, equipo que luchó hasta el final y logró anotar su primer gol, en el 1-3 definitivo.
Pero la hazaña máxima de las nuestras llegaría en la siguiente jornada. Ni más ni menos que contra Inglaterra. Si, escucharon bien, Argentina ante Inglaterra en el Azteca, 15 años antes de la Mano de Dios y del Gol del Siglo.
No cabía un alma más en las gradas. El fútbol femenino parecía ser un fenómeno indetenible en el país de Roberto Gómez Bolaños y de Enrique Borja.
Y fueron nuestras pibas, las argentas, que sacaron a relucir lo mejor de su juego ante la sorpresa de las europeas, que con mayor entrenamiento y organización, eran superadas por las sudamericanas.
21 de agosto de 1971. La fecha que quedó tatuada para siempre como la epopeya máxima del fútbol femenino de nuestro país.
Ese 4 a 1 con los cuatro tantos de Elba Selva, la mujer que hizo delirar a las 100 mil personas que compraron su ticket y a miles más en los televisores mexicanos de aquel entonces.
Sin dudas, fueron adelantadas a su época.
La historia nos demuestra que todo es más difícil para las mujeres, que sus puertas siempre se abren más tarde que la de los varones. Y así fue para ellas, las nuestras, que sufrieron hostiles comentarios y persecución por no haberse quedado en casa.
Tan adelantadas fueron, que quedaron en offside durante mucho tiempo de los flashes y la difusión que merecían.
Sin embargo, el tiempo suele poner las cosas en su lugar y cada 21 de agosto vuelven a vivir y a llenar minutos en los canales de televisión, radios y streaming, y también páginas enteras en diarios digitales o de papel, en búsqueda de inspirar a nuevas adelantadas, que ni el VAR las podrá detener.

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