martes, 21 de abril de 2020

CERRÁ LOS OJOS


CUENTOS EN CUARENTENA

Cerrá los ojos… respirá. No, no estás soñando. Estás en el lugar que tanto querés estar.
Convertite en pájaro león, en el viento del otoño rojo y blanco que camina por la vereda de tus sueños jugueteando con las hojas del fútbol. Vestite de sol para quedarte todo un día contemplando este mundo, tu mundo… y si fueras luna… que mejor que recorrer enamorado y de la mano de la piba los escalones infinitos de tu templo mientras ves ingresar al equipo.

Cerrá los ojos, apretalos fuerte para que no te atrape el ruido vertiginoso del silencio. Dale vení, acompañame que aunque no veas a nadie, todos estamos acá, alentando, viendo como las banderas se agitan en una tarde cualquiera, como los viejos a tranco lento van poblando la historia de los tablones, como los pibes se aprientan en abrazos con los goles del Negro, del Gato o del Gringo…  quien nos puede hablar de distancia, si hoy estamos más juntos que nunca.

Ahora, ahora abrí el corazón y escuchá, escuchá  el susurro legendario  en el camarín, sentí como te galopa el pecho cuando vibra esa arenga inolvidable en la boca del León. Cuando leés con el llanto en la garganta que todo es por la gente, por la historia, por la puta y esquiva gloria. Nombrate, búscate en esas butacas, en los mosaicos de la entrada, en los trapos que cuelgan cada tarde, en las letras que viven en las paredes del barrios, búscate en el cielo porque tal vez estás alentando desde allá… buscate por que vos también sos parte, vos también sos una pieza incalculable de este rompecabezas rojo y blanco, vos también sos parte de este amor.

Ya sé, necesitabas volver… besar el pasto, apretar los puños, enloquecerte de amargura, de bronca  y por qué no, llorar, por qué no llorar si después de todo entre tanto desconcierto de soledad  es lo más sensato llorar por amor.

Te regalo una canción, elegí la que quieras y gritala como aquella noche bajo la lluvia en la que lloraste abrazado a tu viejo de emoción por ese gol sobre la hora. Dale cantale a este cruel silencio de distancia, para que le retumbe bien adentro a la cuarentena y se muera con tus rugidos de león, con la gracia de los papeles que caen descontrolados mientras la hinchada grita “que no pasa nada” que a donde vayas vamos a estar. Dale cantale, si después de todo este es el mejor escenario que te pudo tocar… hasta las luces se encendieron para que todos te escuchen.

Cerrá los ojos… respirá. Elegí ese momento mágico y Chacarero que jamás quisieras olvidar y mostráselo a la cuarentena con tu hijo alzado , para que entienda que el amor va a poder con ella, para que se muera con la alegría de la gente un domingo por la tarde… que se muera, que se vaya… para que podamos regresar sin escaparnos como hoy… libres del miedo de poblar cualquier estadio, libres del miedo al olvido, para que podamos regresar mejores, más unidos, con un mismo sueño y un ascenso que nos apriete para siempre.

Rogelio Aguilera
Escritor y docente del departamento de San Martín



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