domingo, 1 de febrero de 2015

BÁSQUET, DEPORTE DE MARICONES


RELATO LITERARIO


Existe un juego que en Argentina tiene muchos adeptos pero que aún no ha alcanzado el clamor popular ni el fervor enfermizo que tiene el fútbol. Esa disciplina que en mi infancia y en mi barrio era conocida como el “deporte de los maricones”.


Estoy hablando del juego en donde un minuto puede ser una eternidad, en donde en veinticuatro segundos puede pasar cualquier cosa, en donde no te podés relajar hasta que suena la chicharra.

Hoy como periodista deportivo, decidí ponerme a escribir sobre eso que me pasaba en la primaria, en mi barrio, en mi infancia. Sólo uno de mis compañeros practicaba básquet en el club de la ciudad y en más de una ocasión soportaba nuestras críticas.

-¿Te gusta el básquet? ¿Ese deporte de maricones, donde antes de salir a la cancha gritan fuerte como niños de jardín “Un, Dos, Tres… y el nombre de su equipo”?-, le reprochábamos a este compañero, fanático de la NBA.

-Te cobran falta por cualquier boludez-, decía un amigo en la clase de educación física. -No podés insultar a nadie porque te cobran técnico-, argumentaba otro, como la mayoría, amante del balompié. Y yo me incluyo en esa lista, porque como todo argentino y sumado a la agenda que manejan los medios de comunicación, el fútbol es nuestra endorfina, tanto es así que muchas veces se utiliza como herramienta política.

Este chico, que eligió La Naranja antes que otra pelota, porque su papá jugaba al básquet al igual que su abuelo, nos invitaba al menos una vez a la semana a verlo jugar. Pero jamás fuimos. Ni en la primera fase, ni en los playoffs, ni en las finales. Nunca. Porque para nosotros, el básquet era el deporte de los maricones. 

Con el correr de los años, mi manera de pensar fue evolucionando y antes de finalizar la secundaria me di cuenta de que mi vocación era el periodismo deportivo. Me hubiera encantado ser Abogado, Médico o Ingeniero Nuclear, pero lamentablemente, lo único que podía leer desde el principio hasta el último párrafo, era el suplemento deportivo de todos los diarios locales y nacionales. Mi programa preferido era “Fútbol de Primera” los domingos por la noche, en la época cuando los partidos eran codificados. En más de una ocasión, cuando había que estudiar alguna materia dura, como por ejemplo Historia Política, intentaba relacionar las fechas con acontecimientos deportivos que ya conocía. Y ahora que lo pienso, esa fue la única manera de que terminara la secundaria.

Desde hace algunos años comencé con la práctica periodística y una de las primeras actividades que me tocó cubrir fue el deporte de los maricones. Ese que tanto repudiábamos cuando el profesor de educación física nos hacía jugar porque, junto con el vóley, eran los “deportes de la institución”.

Hoy, con la experiencia de haber estado presente en varios torneos, debo decir que todos los que decían que el básquetbol era el deporte de los maricones… tenían razón. Es imposible no llorar con este juego. Se derraman lágrimas de felicidad, después de haberle ganado a un rival físicamente superior. Y se derraman lágrimas de tristeza, cuando el partido lo tenías ganado y algunas malas decisiones a la hora de pasar la bola, sumado a errores arbitrales, tiran por la borda el esfuerzo de toda una temporada.

El fútbol, sin ninguna duda, es el deporte más popular en la Argentina, pero créanme, no tiene el frenesí de un partido de básquetbol. Acá no sirve de nada hacerse el lesionado para ganar algunos segundos. Acá los “barras” no hacen negocios para su beneficio, sino que colaboran con el club.

En el fútbol, si vas ganando tres a cero a falta de cinco minutos, el partido está liquidado. Sólo una catástrofe puede cambiar el resultado. En el básquet, una ventaja de diez puntos a falta de un minuto, no garantiza nada.

El básquet es un deporte tan maricón que no se conforma con un empate. Ni tampoco está la suerte desde los doce pasos. Si el score termina igualado hay un suplementario de cinco minutos. Y si continúa la igualdad  hay otro suplementario. Y si sigue la paridad hay otro más. Y podríamos estar hasta que el corazón deje de latir dentro del rectángulo de juego, si entre los dos equipos no hay un ganador. Así es el básquet, amigos de la infancia, así es mi querido “Deporte de los maricones”…


Hugo Videla

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